Presentan libro “La Semilla y los Frutos”


 

Nada más es cuestión de aplicar la máxima milenaria que dice “por sus frutos, los conoceréis”, explica en una frase la historia de la Narro, el Arq. Arturo Villarreal Reyes tras escribir el documento “La Semilla y los Frutos, 95 años de una idea La Historia de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro”.

 


Sobre este trabajo, señaló que fue una aventura interesantísima y el libro de ninguna manera, se agota el tema de la historia de la Universidad.

 


Sobre el capítulo dedicado al fundador de la institución presentó detalles anecdóticos, el lado humano de don Antonio Narro aportando el dato de que nació en Saltillo, en el rancho Los Narro situado donde ahora es la colonia Laminita.

 


De la época fundadora de la Escuela de 1923 a 1938, comentó es una etapa mágica, el bautizo de fuego que garantiza el temple y la personalidad de la escuela que le permite destacar como una de las mejores universidades del país.

 

Con don Benito Canales egresado de la escuela, terminó haciendo una reconstrucción hipotética del edificio La Gloria, que permite “ver” el crecimiento de la escuela. Redundó en datos importantes para trabajos de arqueología, información –dijo- permite que el edificio hable más y no solo de La Gloria, sino de todo el conjunto de la Narro.


 

La última etapa basada en los informes de los rectores, destaca los hechos importantes de sus administraciones, pero ahí -dice- falta la vida estudiantil; mientras en la primera parte, se habla mucho sobre los alumnos.

 


Resaltó que otra figura de la que hay que profundizar su injerencia en la Escuela, es la del Gral. Pedro Rodríguez Triana, quien rescató a la ahora Universidad (desde donde despachó); lo que explica el autor fue porque quería asegurar la supervivencia de esta institución cardenista.

 


En el documento está presente el campus Laguna, cómo surge y que es lo que ofrece en cuanto a la oferta académica; Mencionó: “tiene una personalidad peculiar ya que es un jardín botánico.”


 

Platicó con los presentes la aventura que vivió en una visita al rancho Los Ángeles, donde se enfrentó a la actividad ganadera, y se admiró porque reconocer que la zona es de conservación del perrito llanero.


Sobre el aspecto gráfico del libro dijo: ”espero la fotografía despierte no solo la lógica de la historia, sino la parte más sensible de una universidad que tiene un profundo lado humano”.

 


Las etapas institucionales que cuenta el libro son: la vida de Don Antonio Narro; como se fragua el origen de la Escuela; la Escuela Regional de Agricultura hasta 1938; Escuela Superior de Agricultura hasta 1957; periodo en que pertenece al complejo de la Universidad de Coahuila hasta 1975; cuando se convierte en Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, etapa que termina en 2006, año en que la Narro se convierte en Universidad nacional.

 


Resaltó el autor: “como universitarios, hay cosas polémicas para discutir, como las huelgas; destacó una nota sobre un movimiento estudiantil en el 62, donde los estudiantes piden un cobertizo para las vacas; lo que refleja una historia tremendamente humana”.

 

 

 

“Tradicionalmente se celebra el 4 de marzo la fundación de la Universidad; pero los documentos dicen que en 1937, el primer director atendió a un inspector para ver si la Escuela podía recibir subsidio federal; entonces por cuestiones administrativas la institución abrió sus puertas el jueves 1 de marzo para recibir a quienes iban a vivir y estudiar ahí y el día 6 de marzo inició formalmente clases con la materia “Lechería”; nunca hubo un acto simbólico de inauguración de actividades; lo que origina la confusión”, explicó el arquitecto.

 

 

 

El devenir histórico ha preparado a la institución, para lo que se ve hoy “Tengo la certeza de que Buenavista zona donde está ubicada la Narro, es de las pocas o el único sitio en el valle de Saltillo, donde la agricultura se ha dado como actividad importante y de forma continua por más de cuatrocientos años; la Universidad está asentada sobre diversos paisajes históricos, por lo que es necesario ver que nos dicen los edificios y la tierra”, comenta el Arq. Arturo Villareal, quien agrega: ”es importante conservar la memoria, este acopio de colecciones dispersas como fotografías, folletos, periódicos, al fin de cuentas es el patrimonio histórico que se reduce a la identidad universitaria.”

 


El también autor de “La Antigua Hacienda de Buenavista”, terminó su intervención diciendo: “No solamente es la tierra, es la semilla, y son los frutos; no hay necesidad de buscar estadísticas, números y datos, nada más aplicar la máxima milenaria que dice “por sus frutos los conoceréis”.


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